jueves, 4 de septiembre de 2008

El trémulo temblor de los labios con la cercanía de su cuerpo también se notó en su piel, erizada por el preludio del placer esperado. Las pupilas brillaron con la intensidad de un sol recién nacido en alguna galaxia deseosa de explotar, al igual que ella deseaba expandirse hasta tocar el cielo del éxtasis. Casi no hacía falta que la rozase para que todo su cuerpo reaccionara. La primera caricia se transformó en todas las ansias acumuladas durante días y se dejó poseer y poseyó con gemidos envidiados por todo el vecindario.
La salida del sol no puso fin a la pasión que tanto tiempo llevaban guardando.

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